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| Días de influencia |
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| Foto de José Toscano |
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| Las gagas del metro o Las hermanas de Lady Gaga |
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| Primer vagón del metro por Zanate Pirata |
Literatura, anarquismo con corbata, música, política, nostalgia del futuro, sexo, recetas de cocina, fantasía, mascotas, ciencia ficción, sueños secos y orozú.
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| Las gagas del metro o Las hermanas de Lady Gaga |
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| Primer vagón del metro por Zanate Pirata |

I
Yo puse en ti un cuchillo esculpido
con el azote de una ola nocturnacida,
que cayó como un meteoro en los disfraces
de mi sastrería.
Fue mi sortilegio, el mismo sortilegio de aves astrales
que provocó un diluvio hace milenios.
Fue mi sombrero, el mismo sombrero
que utilizó un arlequín
para crear a las estrellas.
Yo metí en tu pecho un arpa y un violonchelo
para escuchar los conciertos de tu adolescente interior,
y un semidragón celta con ancianas historias que contar,
al pie del yunque donde martillaron los hierros de tu infancia.
II
Nuestra niñez es ahora un anticuario
que vende pedazos de sus dragones
de feria en feria.
Que exhibe nuestras pesadillas
en su carpa por una moneda de oro
y cuenta historias de castillos
en cuyas mazmorras
combaten a muerte
novilunios antropófagos
y caballeros templarios.
Luego lo guarda todo en su veliz
y se descubre como un cadáver fresco
y sin inocencia.

III
En tu respiración hay un redoble de peñascos
que se desmoronan
como una lluvia de perseidas.
Un cortejo de libélulas fúnebres que guía a las hadas
con candiles boreales,
extraídos de nocturnas cirugías
al cielóbrego de anémonas circuncenitales.
Aquí en la tierra, un jorobado liba orquídeas
de invernaderos antediluvianos;
botones de rosa despuntan en sus heridas.
Solo tu materia es capaz
de viajar de colisión en colisión;
de pájaro en pájaro;
de centella en centella.
Mil años luz de embriones y brujaurías.
Mil bocas más que alimentar con pedazos
de mis miembros podridos.
Mil lunas llenas a merced
de los aquelarres.
Mil escondrijos distintos para
el pequeño navegante que todos llevamos dentro.
Para el outsider que está al tanto de
tus mutaciones.
Una taquicardia como fuego
a todo galope que consume
una dentellada.
Una canción extraterrestre
escrita en el pentagrama
de tus órbitas planetarias.

Soy el pájaro manco de la suerte.
Orlando Guillén
De vez en cuando desapareces del circuito social de las fiestas y te sientes como un ermitaño en proceso de putrefacción. Llega el viernes y te pones a trabajar horas extras, y el sábado y el domingo son días para hacer la chamba que no pudiste sacar el resto de la semana. Y en medio de ese miserable desierto, ya que te acostumbraste a la chinga, aparece medio mundo con chelas y ganas de platicar.
Así llegó Ale Ahumada, mi amiga moreliana, que casualmente andaba por el Defectuoso porque vino a hacer su examen para entrar a la maestría. Entre plática y plática,
En esa página escuché a Ampersan (by Kevin García y Zindu Cano), una banda electroacústica hija del fandango y de la poesía. En su presentación de BalconyTV, escogieron un poema musicalizado de Orlando Guillén. Orlando forma parte de una raza perdida de poetas underground, el último punk de su especie. Solo por esta razón tenía que conocerlos. Así fue como me enteré (tarde) de un concierto de ellos en una casa del barrio de
El evento se llamaba No llores por mí Huayamilpas (3 fines sin fin). Ya habían pasado dos fechas y solo quedaba el concierto de Tomás nomás y los de atrás y Mamá Pulpa (tenía años que no escuchaba noticias de esta banda), y me lancé con dos compas a ver qué pex.
En la puerta nos recibió Zindu Cano en persona; había poca banda pero bien instalada. Nosotros hicimos lo propio y nos armamos de chelas y mojitos de Antillano mega cargados. En la planta baja de la casa habían montado el escenario. Los nombres de los grupos dibujados con gis en la pared del fondo y la piñata de diablito colgada a un costado me recordaron los conciertos del ES3, allá por Las Tlalnepantlas.
Tomás nomás es todo un show man; ataviado con su traje hecho de jerga y su sombrerito de pachuco tiene una irreverencia y un humor ácido y orgánico. Por ejemplo, una de sus canciones (“Pelo de peluche”) está dedicada al vello púbico y dentro de su repertorio hay una cumbia con un solo de ganso (lástima que no se pueda escuchar todavía en su myspace). Este don podría ser el tío perdido de músicos como el Armando Palomas o el Nono Tarado.
En el ínter entre una banda y otra, la casa de Huayamilpas se llenó de personajes infrarrealistas y uno que otro poeta descarriado (saludos al Carlitos). Cuando se arrancó Mamá Pulpa, había personal suficiente para armar el slam. Noté que su sonido se había vuelto más fresquesón, menos skatero y con una limpieza instrumental que es la pura sabrosura.
El momento estelar de la noche, sin embargo, fue cuando alguien le puso una jarana en la mano a nuestro amigo Juan Fridman, ex jaranero y guitarro de Klezmerson y se armó el fandango con los Ampersan y demás banda huapanguera. No conocía a los fandangueros de la casa de Huayamilpas en acción, y ahora que los he escuchado puedo decir que algo está pasando en el barrio de

Habían pasado cuatro años desde que Kurt Cobain se había volado la cabeza con una shotgun. En aquel tiempo estudiaba por las mañanas en
Sus cuentos transpiraban surrealismo y me gustaron. Me latió sobre todo la historia de un esqueleto que se quitaba la carne, se salía a pasear y en algún momento un profesor de química se lo quería llevar con él (sería un buen cuento para publicar en el blog, pero como no le he pedido permiso a los herederos, mejor búsquenlo en Google Books). Ese libro de Arabel fue el primer acto.
Años más tarde, en uno de esos momentos en que andaba desempleado y jodido como buen joven escritor no alineado a
Hoy, en el Twitter la noticia de la muerte de Leonora Carrington a los 94 años fue la locura. Las comparaciones con Remedios Varo fueron la comidilla de los twitteros, finalmente es imposible obviar el estilo que tienen ambas pintoras. Sin embargo este día pertenece a Leonora e imagino que los astronautas extraterrestres que aterricen en Chapultepec cuando la raza humana se haya extinguido encontrarán en sus esculturas enigmas apócrifos de aquella mujer que ya cabalga en el paraíso surrealista, liberada de la carne como un esqueleto feliz que se encuentra avellanas que escupen anfibios y le crece un detector de calabazas en la cabeza.

Colorín, colorado
Bajamos al sótano con un candelero en la mano. Entre todos cargamos una estaca de plata. Podemos escuchar un corazón latiendo en la obscuridad. Es enorme y pulposo como el de un tiranosaurio.
Lo iluminamos con la llama trepidante de la vela. Las manos nos sudan; la adrenalina aceita nuestros músculos. Contamos hasta tres en voz baja y asediamos con el ariete el tejido cardiaco.
El ogro siente un punzón en el pecho y se derrumba vomitando esputos sanguinolentos. El libro de cuentos de hadas cae con las tapas boca arriba. Uno de los ogritos acerca su oreja a los lomos del libro. Puede escuchar el ritmo acelerado de un corazón más pequeño idéntico al suyo. Contamos hasta tres.
La primera imagen es de Zdzisław Beksiński, la segunda de Todd Schorr.