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27 agosto, 2014

Caníbal Calibán


Las relaciones humanas son canibalismo. Queremos "comer" de la otra persona. Damos partes de nosotros a cambio de comer de la otra persona. Por supuesto, queremos comer más de lo que damos. Quiero comer tu atención, tu tiempo, tu vida. Cuando llegamos a extremos que a veces se confunden con el amor o con el ejercicio del poder, queremos tener al otro por completo. Quiero toda tu atención, quiero todo tu cuerpo, toda tu dignidad, toda tu vida para disponer de ella en cada centímetro y cada sensación.

10 marzo, 2013

Sincronía


Autor: Michael Parkers

Ambos se abrazan al abrir los ojos y descubrirse en una cama pendular que oscila sobre el abismo donde moran sus fobias y deseos. Intuyen que si se lanzan al vacío, despertarán solos en sus respectivas recámaras y nunca volverán a encontrarse. Prometen que se buscarán cuando despierten y se arrojan juntos a las tinieblas en un beso que sintetiza todos los besos de sus vidas.

Cuando suena el despertador, olvidan esa promesa y continúan con sus vidas rutinarias. Ciertas noches intentan forzar otro encuentro, pero las farsas que montan sus subconscientes no se equiparan con aquella quimera compartida que era un solo sueño.

Años más tarde, tienen un encuentro fortuito en los andenes del tren subterráneo. No se hablan ni se abrazan, únicamente se estudian el uno al otro, como el inspector de trenes que supervisa las cabinas.

El metro llega a la estación, ella sube y él se queda en el andén. Mientras el tren se aleja, la promesa que olvidaron emerge como un témpano a la superficie de sus mentes.

En dos ciudades lejanas, ella y él abren los ojos al unísono; suben a las azoteas de sus respectivas casas. La noche es mentolada y materna. Ella se sienta en la cornisa del edificio dejando que sus piernas cuelguen sobre la avenida. Él se recuesta boca arriba en el tejado y descubre que siempre ha vivido de cabeza.

Los dos saltan al vacío, y por breves segundos, sienten que están suspendidos en el aire.

03 marzo, 2013

Sábado de libros en la Feria de Minería




Nada como hablar de libros después de una laaaaaaaaarga temporada de no posts. Sí, ya sé que este blog parece lote baldío por la ausencia y descuido de sus administradores, pero, ah, como chillamos cuando nadie nos lee.

En fin, hoy me anduve paseando con canasta y con rebozo de bolita en la XXXIV Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería en su antepenúltimo día, se acaba el lunes, así que córrale con el perico, la novia y la abuelita si es que todavía no ha ido y aproveche la orgía de consumo cultural desenfrenado (eso sí, más chido que el consumo a secas, ése no aporta un carajo). Aquí está la crónica.

La fila de tres cuadras, la ingrata
Cuánta razón tenía Chava Flores cuando escribió la letra de “Sábado Distrito Federal” y decía que atravesar el centro era un desmoche, y es que para comprar el boleto de la feria había que darle la vuelta a la cuadra hasta el Eje Central. Aunque da gusto ver a gente de todas las categorías texonómicas formadita como si fuera a entrar al antro más mamón de la ciudad: mamis con carriolas, viejitas malhumoradas, pubertos enviados por su maestro de literatura para subir un punto y alcanzar el seis, universitarios de todas las escuelas y disciplinas, pobresores con los bolsillos rotos pero con buen ojo para las ofertas, escritores con ínfulas de rock stars caminando en Beverly Hills, poetas desahuciados por las industrias culturales y que una vez al año consiguen organizar la presentación de su veintiúnico libro, et ál.

Ahí me encontré (o me encontró, ya ni sé) al buen @KaISeR1939, quien hubiera sido el ganador del #misterstrangechallenge, de no ser porque se lo comió la marabunta humana que subía y bajaba cual si fueran a llevarse libros a una isla desierta y sin electricidad.
Preferí no detenerme a checar las novedades en el stand de Santillana; todavía tengo algunos libros que compré el año pasado en su barata de diciembre (estoy un poco empachado de Alfaguara, la mera verdad).

En el stand de Cuba, tenían una buena colección de libros revolucionarios, compañero, pero sobre todo de literatura, música y humanidades. Si van hoy y le rascan bien (y les late la magia negra, la mitología y esas ondas darkimalas) pueden llevarse un manual del Palo Monte para que practiquen sus propios rituales de santería en casa, o mejor aún, un libro sobre los mitos Orishas, con ilustraciones enfermizas y delirantes, como las que le gustan a su amiga la metalera.

En los pasillos del mal
Su usted padece enoclofobia o lleva seis años sin salir de su casa, mejor ni vaya, porque va a terminar tirado en el suelo en posición fetal. No, para ir a la Feria del Libro del Palacio de Minería hay que transformarse en un pez más del cardumen y fluir, fluir.

En una de esas fluctuaciones, salí despedido hasta el pasillo donde se encuentra ALBA, una editorial española chiquita, cara y con algunas golosinas interesantes en su catálogo, como esa joya intitulada La chica de la nariz torcida. Muerte y obsesión en la vida de un escultor forense, de Ted Botha, un escultor que se dedica a la reconstrucción de rostros a partir de osamentas. No lo compré nomás porque me dio codo.

Sin embargo, el fuerte de ALBA es su colección de artes escénicas y de guías del escritor que con palitos y bolitas le explican a uno cómo ser un triunfador en este perro mundo de selacimorfos, rémoras, sardinas y plancton que es la literatura.

Después de analizar si me llevaría Salva al gato de Blake Snyder, Marketing para escritores de Neus Arqués o Tim Burton por Tim Burton con prólogo de Juanito Profundo, opté por un texto escrito por Robert McKee sobre el guión cinematográfico (sí, con acento ¿y qué?, toma eso RAE). De una vez aproveché para comprar un libro que estaba volando en mi cabeza desde la última vez que visité una librería: Las canciones de Bilitis de Pierre Louÿs, un genio de la cochinada carnal.

Salí de ahí media hora después de lo previsto, pues como los lectores de tarjetas bancarias andaban fallando, pagar se convirtió en un acto de contrición (y eso que los bancos roban tanto, que con ese dinero ya podríamos estar haciendo transferencias electrónicas telepáticas). 

Atalanta tiene un montón de joyitas en su cofrecito, pero no le bajan nada. Un libro de 700 pesos, si bien te va, te lo dejan en 680. Y con todo y Ley de Precio Único. No obsta que algunos ejemplares valgan cada centavo, como Cuentos de lo extraño de Robert Aickman,  La noche de Francisco Tario o Paprika de Yasutaka Tsutsui.

En esa misma zona, y si todavía les queda varo, están algunas exquisiteces sibaritas de Siruela (que como ustedes saben tiene todo Italo Calvino), como El libro rojo de Jung de Bernardo Nante (nada más que cuesta mil varos) o Las palmeras salvajes de William Faulkner.

En la mesa de la Colección Argumentos de Anagrama encontré Nuestro lado oscuro. Una historia de los perversos, un librito de Élisabeth Roudinesco, que de acuerdo con la cuarta de forros es un ensayo sobre la perversidad (genius) desde la Edad Media (no, no es la etapa por lo que están atravesando sus papás), pasando por el Marqués de Sade, hasta los modernos pedófilos y terroristas. Bien fino.


Me podría pasar las horas hablando de todos los libros de Roberto Bolaño, Irvine Welsh, Paul Auster o Charles Bukowski que tiene esta editorial en su colección de literatura, pero considerando que los podemos encontrar en Gandhi todo el año y que sólo impresionan a los neófitos o a las abuelitas, y eso sólo si el título del libro está muy heavy, haré una elipsis hasta el stand de sextopiso.

Qué buenas ediciones tiene sextopiso (venga la lana por el comercial), sobre todo porque le ha sabido sacar raja a sus colecciones. Vea usted una muestra de los libros ilustrados que tiene en existencia si no me cree: Jis y Trino al alimón con Asuntos moneros 1 y 2, Jis solito con Sepa la bola, Macanudo de Liniers, El coloquio de los pájaros de Farid Udín Attar ilustrado por Peter Sís (ganador del premio Hans Christian Anderson de literatura infantil) y la versión de Alicia en el País de las Maravillas de Peter Kuper, una verdadera chingonería.







Me hubiera gustado llevarme alguno de los anteriores, pero cuando vi El rival de Prometeo. Vidas de autómatas ilustres, dije “de aquí soy”. Oh sí, hay libros que te cautivan al primer madrazo. Este volumen editado por Sonia Bueno Gómez-Tejedor (y que ni siquiera es de sextopiso) contiene una colección de relatos y ensayos sobre el autómata como personaje literario escritos por pesos pesados como René Descartes, Walter Benjamin, Edgar Allan Poe, Ambroce Bierce, E. T. A. Hoffmann, Sigmund Freud e Isaac Asimov, ahí nomás para que se den un quemón. No es barato, así que si lo quieren comprar, no piensen en esas cosas terrenales como comer o llegar a fin de mes.


La parte de arriba
Si usted es bueno para escoger jitomates en el mercado, entonces tiene que irse con mucho cuidado cuando se trepe al segundo piso del Palacio de Minería. Aquí hay muchas editoriales chiquitas e instituciones y universidades que sacan sus mejores trapitos a relucir, así que hay que estar atentos. Una buena estrategia para que no lo estén chingando ni le digan a cada rato “¿ya nos vamos?, ¿ya nos vamos?”, es empezar por aquí y dejar a los gigantes de la industria editorial hasta el final, total, Harry Potter y Crepúsculo se pueden bajar de Internet.

En el stand de la Universidad Iberoamericana, me encontré con esta ganga: Monstruos y prodigios. El universo simbólico desde el Medievo a la edad moderna de María del Rosario Farga Mullor. 169 pesitos ya con descuento. Córrale y alcanza a llevarse uno.



La Universidad Autónoma Metropolitana tiene libritos muy especializados, pero muy poca literatura; lo que es seguro es que se encuentren uno que les guste: Mauricio Molina, René Avilés, Rosalía Winocour y así. Algo que me sorprendió es que la UAM no haya reeditado su revista de culto Topodrilo, ¿qué pachó?, están dejando pasar la oportunidad de revivir una publicación neurálgica para entender la sociología de la posmodernidad.

Dos consejos por si piensa ir este domingo o el lunes: chicas, olviden los tacones, no van a entrar al martirologio sólo por subir y bajar escaleras con esos instrumentos de tortura. Tampoco se les ocurra comprar un chánwich o una crepa en la cafetería, a menos que quieran pagarlo como si estuvieran en Central Park.

Recta final
Llegado a este punto, ya estás mentando madres por el hambre, se te queman las habas por quitarle la cubierta de celofán a tus nuevas adquisiciones y seguramente ya pasaste tres veces por el mismo stand, aunque en cada vuelta hayas hojeado diferentes libros.

La visita a los últimos stands depende mucho de la persona y de la situación en la que se encuentre. Algunos aprovechan para ir al baño, excepto las mujeres, quienes se pasaron tres cuartas partes del paseo cultural en la fila para entrar al sanitario. Otros, ven donde pueden sentarse para estirar los pies y si se ven vivos agarran alguna presentación de esas chiquitas en donde más de la mitad del público son amigos y familiares del autor.

Yo aproveché para regresar a algunos lugares en donde vi libros que me hubiera gustado echarles el ojo con más detenimiento. En mi caso, este libro fue Monstruos mexicanos tomos I y II, de Carmen Leñero (por cierto, yo escribí unos libros semejantes hace un par de años sobre seres fantásticos y mitológicos). La edición está chula de bonita y es un regalazo si usted tiene sobrinos clavados en la onda zombi o amigos que se quedaron en el viaje cuando comieron peyote y ahora estudian en la ENAH.


Antes de salir al mundo real, es casi seguro que se les pegue un libro del Fondo de Cultura Económica, no sólo porque el acervo del fondo está increíble y abarca todos los campos del conocimiento humano, sino porque siempre hay una edición de bolsillo que te echa ojitos y te dice “llévame contigo”. Y de su colección La ciencia para todos, ni hablar, son libritos buenos, bonitos y baratos que te dejan pensando un buen rato después de leerlos.

A mí se me pegaron dos: Cuentos reunidos de Amparo Dávila, una autora infravalorada de cuentos alucinantes, y Piratas y corsarios de Martín Luis Guzmán, un librito que compré porque un día de estos voy a escribir una novela de piratas (nada más que termine mis 20 mil pendientes que tengo en la congeladora) y simplemente me pareció que no debía prescindir de él.



En Tusquets también hay mercancía sabrosa. Quitando las pinchemil novelas que tienen del sobrevaluado Haruki Murakami y una que otra manzana rancia, tienen un montón de literatura clásica del siglo XX y de narradores contemporáneos que si usted no conoce, puede sacarse la espinita comprando alguna de sus novelas más conocidas (ahí están, por ejemplo, La insoportable levedad del ser de Milán Kundera y Las brujas de Salem de Arthur Miller). También tienen al Santos contra la Tetona Mendoza, por si usted vio la película y quiere regresar a los orígenes. 

Un ritual que se me pasó realizar este año (no sé si por la hora o porque hacía un frío bien cabrón), es ir con los libreros que se ponen afuera. Si ya vas muy gastado, lo ideal es terminar  el viaje aquí, porque por el precio de uno nuevo, te puedes llevar tres. De cualquier manera, si tiene deudas de juego y anda más bruja que la señora que acaban de ingresar a Santa Martha, todavía puede encontrar algo en el remate de libros que se llevará a cabo en el Auditorio Nacional del 25 al 31 de marzo. Y recuerde: todo cabe en un cerebro, sabiéndolo acomodar.
  

24 diciembre, 2011

Navidad blogger o los regalos que nunca les dará Santa

Sabemos que esta es una fecha arbitraria impuesta por la jerarquía católica, que este 2012 estará de regreso en su nueva cruzada contra el Estado laico; pero qué diablos, ¿a quién no le gusta recibir regalos?, así que hoy haremos lo propio en este H. H. blog, pero como hubo recortes presupuestales para que los autores pudieran comprarse un yate, sólo nos alcanzó para programar una barra de animaciones provenientes de diferentes lugares de este planeta insignificante y lejos de la vida inteligente, donde vivimos. Así que corran por sus palomitas.

Primero tenemos esta animación de Hiroyasu Ishida, en donde una niña que vive en un pueblo donde siempre llueve conoce a una especie de autómata. Celebro que no todo lo que venga de oriente sea animé chatarra para adolescentes.



Desde España, nos encontramos con Rosa de Jesús Orellana, un autor de novelas gráficas que lo dejó todo por hacer este corto de ciencia ficción ciberpunketa, y que, nos cuentan, llamó tanto la atención de las productoras que hay interés en hacer un largometraje no animado. La historia parece ser más compleja de lo que creemos, pero lo poco que nos muestra, hace que Rosa sea de nuestras animaciones favoritas de este año.



Este stop motion realmente fue difícil de conseguir, se llama Kengere, de Peter Muhumuza Tukei, de ¡Uganda!, narra la historia de un ciclista que regresa a su pueblo para buscar las voces de las víctimas de un crimen de lesa humanidad. Raro, raro.



Return of the Blowfly, una sátira delirante punk con algunos destellos de sexualidad y violencia, no lo encontramos más que en francés, así que tendrán que mostrar sus habilidades semántico-interpretativas para descifrar las entrañas de esta locura, que pinta para ser toda una serie muy al estilo de South Park.


Bubbleman Superstar "RETURN OF THE BLOWFLY" por larduxfilms

Otra animación desde Francia, Les chiens isolés, o sea los perros forever alone, sobre la vida de unos obreros en una plataforma petrolera, para darle contenido social; no es tan buena como Return of the Blowfly, pero pasa.



Luego tenemos esta maravilla, Kung Fu Cooking Girls, de lo mejor del año, yo la conocí gracias a los domingos de animación del tío Bernal, la historia está cagadísima (del verbo carcajear): va un cabrón turisteando por una ciudad china, y de pronto dos morras se empiezan a pelear por saciar sus apetitos… culinarios. Véanla, véanla y luego me cuentan.



Follow the Sun!, un intermedio bizarrillo que hasta da miedo, del MK12 Collective.



Estos muchachos daneses de The Animation Workshop están dando de qué hablar, por ejemplo yo había visto Captain Awesome, una animación cómica sobre un súperheroe con problemas estomacales. Last Fall, es todo lo contrario: un drama fantástico sobre un accidente de aviación. Simplemente la neta. También les dejo el de Captain Awesome para que vean el contraste.





Y bueno, eso es todo, no quiero dejar más, porque qué tal si no las ven, felices fiestas, coman hasta hincharse las barrigas y reventar (y díganle a Trino que ya deje de echar a perder a El Santos con sus animaciones chafas).

17 diciembre, 2011

Philip K. Dick, el Maestro del Caos



Admito que no tenía la menor intención de escribir nada hoy, pero no podemos dejar pasar el cumpleaños de uno de los escritores que más ha influenciado a los autores de este H. H. blog: Philip K. Dick. Conocí al buen Dick cuando iba en la prepa, tenía un tío que tenía en su biblioteca personal un montón de libros de ciencia ficción de la editorial Martínez Roca y de Bruguera. Entre las curiosidades que había en esos anaqueles, estaba Aquí yace el Wub. Recuerdo muy bien que en la portada estaba un dibujo de Felipe K. sentado en un sillón escuchando una radio de transistores. En él, había una buena selección de cuentos, entre los que se incluía “Roog”, uno de los primeros cuentos de ciencia ficción que publicó (y por el que le pagaron una mierda, según sé); “La Paga” (cuento que inspiró una película que, a pesar de que sale Ben Affleck, está palomera y puede verse), “La nave humana”, “El hombre variable” y “La pequeña rebelión”. Una vez que uno entra en los universos dickinianos, es imposible salir. Es como quedar atrapado en el sueño preprogramado de Ubik: invariablemente regresarás a Philip K. Dick, no importa cuánto intentes alejarte de él, un libro suyo que no has leído llegará a tus manos, y quienes somos asiduos feligreses de su culto, tenemos una lista de todos sus libros que vamos tachando, en espera del día en que los hayamos leído todos.

Para bien o para mal, el buen Philip, ya es un referente para la ciencia ficción mundial, un género infravalorado por las mafias de la alta cultura que escriben los libros pretenciosos que serán lectura obligatoria para los niños del mañana. El culto dickiano crece exponencialmente como un virus zombi, y en los siguientes años, apunta a convertirse, tal y como pasó con Ray Bradbury, en un clásico; no es casual que Michel Gondry esté considerando llevar al cine Ubik, una novela laberíntica y giratoria.

Philip K. Dick fue un iluminado a su manera, aunque su visión sobre el futuro era bastante pesimista, producto quizás de la época histórica que le tocó vivir: la Guerra Fría y el auge del consumo y la publicidad. En “Foster está muerto”, fusiona ambos temores: el peligro de morir en una guerra nuclear y el consumo desmedido basado en los sueños aspiracionales de la clase media estadounidense. Feliz cumpleaños a nuestro maestro y mentor, en cualquier planeta donde se encuentre.

En cuanto a su vida privada, sus experiencias psicóticas, sus cinco esposas, etcétera; son harina de otro costal y cuando me sienta con la autoridad moral para hablar de ello, lo haré en su momento. Mientras tanto, quédense con este documental que sacó la BBC, muy al estilo de Ubik.












17 julio, 2011

Migraña



Un globo aerostático supera los límites de la estratosfera, sobrevuela la Luna, sortea el campo gravitacional de Marte, da un largo rodeo para evitar las tormentas electromagnéticas de Júpiter.

En un momento de la travesía una de sus cuerdas se atora en los anillos de Saturno y queda varado hasta que un viento solar lo desenreda amablemente.

Urano y Neptuno aparecen en el itinerario sin pena ni gloria. El globo zigzaguea entre asteroides y cefeidas y se aproxima a los confines de la galaxia. Poc, el globo choca con un domo de estrellas pintadas con aerosol plateado.

El astrofísico se aprieta la cabeza con ambas manos y siente otra vez la misma punzada justo en el centro del cráneo. Su esposa se acerca al botiquín arrastrando las chancletas para desempaquetar un par de relucientes agujas de acupuntura.

10 julio, 2011

Reformatear


Veo llover rectángulos, cilindros, cubos, líneas paralelas y curvas, polígonos, variables y constantes, icosaedros, planos cartesianos, diagramas de flujo, círculos, raíces cuadradas, números imaginarios, paralelogramos, decimales y fracciones; binomios, trinomios y polinomios; vectores, integrales y logaritmos; espesas nieblas de alfabetos griegos.

Cuando el último punto decimal rebota en el asfalto, el estudiante cierra el tratado de álgebra. Repasa con el pulgar las hojas blancas, le saca punta a su lápiz y escribe con números imposibles el instructivo de un nuevo universo.

La imagen pertenece a David Ho.