31 marzo, 2011

Inicio de novela


Invisible como el vapor, una aeronave Héres de uso militar atraviesa la capa de nubes y sobrevuela la jungla pantanosa. Pasa sobre un grupo de mansiones de paredes blancas rodeadas de árboles frutales, un campo donde pastan algunas vacas, un río y varias colinas hasta detenerse sobre un bosquecillo de amates. Otros vehículos aéreos invisibles descienden de las nubes. Una puerta parece abrirse en medio del aire, de ella desciende una plataforma con un pelotón de soldados a bordo, encabezado por un oficial de bigotillo y muchos galones en la solapa. La plataforma desciende zigzagueando entre las altas copas de los árboles hasta posarse sobre un suelo verde y resbaloso. Los militares saltan de ella y se apostan en un perímetro de cincuenta metros. El oficial camina pausadamente siguiendo una vereda apenas visible, internándose hasta perder de vista a sus hombres.
            —Contralmirante Azzano, señor —se cuadra frente a él la imagen tridimensional de un sargento—, el área está completamente asegurada.
            El Contralmirante saluda con un gesto de cabeza y corta la comunicación. Catorce naves y doscientos hombres cubriendo un grupo de árboles, un derroche de recursos ante el que no dijo nada por tratarse de órdenes directas del General Pratt. Además es imposible no sentirse halagado con una guardia tan espléndida, digna de un rey. El sendero se interna más en el macizo de árboles, la humedad y el calor se vuelven sofocantes. La inquietud golpea al Contralmirante, no puede olvidar el rostro del General Pratt al darle las órdenes, un gesto de incomprensión y temor. Durante el trayecto de Ciudad Selva al Istmo elaboró distintas teorías sobre el comportamiento de su superior, jamás lo había visto así, le sorprendía que alguien de su experiencia no fuera capaz de dominar sus emociones. No sacó ninguna conclusión, el misterio se resolvería cuando llegara al punto de contacto. Y sobre eso no le habían dicho mucho, excepto la reiterada recomendación de que fuese muy amable y escuchara atentamente. Pero escuchar qué o escuchar a quién, no quisieron decirle.
Tras rodear un recodo queda frente a una diminuta cabaña de madera abrazada por un joven amate. Indeciso, extiende la mano para tocar la puerta; una voz venida del interior lo interrumpe:
—¿Vio a alguien en el camino? Estoy esperando la visita de un viejo amigo.
El Contralmirante choca los talones.
—Soy el Contralmirante Azzano de la División Americana, vengo bajo el mandato del General Pratt, Comandante Supremo del Comando Central de la Armada de Sistesol. El General pide disculpas por no asistir personalmente, he venido en su lugar para recibir su mensaje, si eso no lo inoportuna, ¿señor…?
La puerta de la cabaña se mueve como golpeada por la brisa, aunque ninguna corriente de aire alivia el calor húmedo que parece emanar de la vegetación.
—Así que mi viejo amigo no ha querido verme. El clima debe ser difícil en la capital.
Por más que fuerza los ojos Azzano sólo ve negrura dentro de la cabaña. Por un momento piensa que es objeto de una carísima broma.
—Puede pasar, oficial.
El Contralmirante traga saliva, se ajusta el cinto y entra en la cabaña. Adentro sólo hay oscuridad, ni el interior de una cueva podría ser tan negro. Algo se mueve cerca de él, a su espalda la puerta se cierra.
—¿Ha escuchado el coro del pantano?
La voz parece provenir de pocos centímetros adelante, el Contralmirante reprime el impulso de retroceder.
—Es como el sabor de la tierra, ¿lo ha sentido?
Azzano niega con la cabeza sin atrever a moverse, sigue sin ver nada. La voz continúa, ahora proveniente de otra dirección:
—Como beber el agua de la atmósfera.
Una extremidad fría y húmeda roza el cuello del Contralmirante, quien se vuelve sin encontrar nada.
—Si ha percibido el aroma de la ambición sabrá de lo que hablo.
El oficial no puede más.
—¡Tenga la amabilidad de decirme lo que he venido a escuchar!
—Siempre me ha gustado la refinada amabilidad de los americanos, incluso cuando se enfadan.
Azzano se da la media vuelta con intenciones de salir de ahí. Da dos pasos y extiende la mano, pero no toca la puerta. Da dos pasos más, y otros cuatro, pero no encuentra nada frente a él.
—El valor es una virtud muy apreciada —le dice la voz a poca distancia de su espalda—, será por su brevedad.
A la oscuridad se le suma el calor, el Contralmirante siente que respira aire reciclado, sin oxígeno. Camina en línea recta con las manos extendidas esperando encontrar alguna pared. Lo voz lo rodea, embiste desde abajo, grita en su oído:
—Debería verse caminar en círculos, parece que ha perdido la razón.
—¿Dónde puscas estoy?
—Conmigo.
Azzano pasa saliva. Ha comenzado a sentir miedo.
—Eso está muy bien. El miedo me gusta.
—¡Por favor, señor!
El Contralmirante corre con las manos por delante, esperando tocar algo, pero lo único que puede sentir es el barro bajo sus botas.
—Es suficiente oficial, quédese quieto y escuche.
Azzano se detiene. Gruesos chorros de sudor corren por su cara.
—Dígale a Pratt que la luz está por estallar. Quedan advertidos.
Las palabras, susurradas frente a su rostro, son como chorros de aire caliente y sofocante.
—Sí, sí, le daré el mensaje al General.
—Eso es todo. Ahora lárguese, tal vez algún día comprenda el honor que ha recibido.
Antes de cualquier posible respuesta una fuerza invisible arroja al Contralmirante fuera de la cabaña y lo avienta sobre el suelo fangoso. La puerta de madera se cierra. La cabaña por fuera es ridículamente pequeña, no cabrían más de tres personas hombro con hombro. Azzano se levanta, sacudiéndose el barro del uniforme, y camina de regreso entre los amates. No comprende el mensaje, aunque posiblemente Pratt lo haga. Se encoge de hombros y alcanza a pensar, justo antes de avistar a sus hombres fuera del bosquecillo, que sin duda la voz de la cabaña lo perseguirá en sus sueños.

El acuerdo para la cobertura informativa de la violencia


En fechas recientes, se anunció casi casi como la Panacea Informativa el hecho de que 750 medios signaran el Acuerdo para la Cobertura Informativa de la Violencia en el marco de la Iniciativa México (que en realidad es un reality show, estofado de demagogia, populismo y malas intenciones). Las críticas no se hicieron esperar, y éstas fueron respondidas oportunamente por los periodistas orgánicos de siempre (Carlos Marín, Jorge Fernández Menéndez y el playboy de Noticieros Televisa: Carlos Loret de Mola). Para los que no conozcan el acuerdo, píquenle AQUÍ, para que no digan que nuestro sagrado blog no es imparcial, veraz y oportuno.

Existen muchas nebulosas alrededor del documento en cuestión, aun cuando les demos el beneficio de la duda, resulta contradictorio desde su origen. Por ejemplo, el punto 1 de los criterios editoriales del acuerdo dice a la letra: “Evitar el lenguaje y la terminología empleados por los delincuentes”. Pero en el punto tres del apartado Punto de Partida, menciona: “no dejar que el terror vaya cancelando plazas informativas”. Textual. Todo mundo sabe que dentro del slang del narcotraficante, una plaza es un territorio conquistado por determinado capo, ¿a qué están jugando?, ¿a erigirse como el cártel de “los buenos medios”?

La idea maniquea de que lo que estamos viviendo es un Western del sheriff y sus muchachos contra los delincuentes malos, egoístas, asesinos, hijos de puta, bla, bla, bla; tiene al menos una intención política detrás: apuntalar la guerra de Felipe Calderón ad nauseum, omitiendo el hecho de que el combate por medio de la “violencia legítima”, también ha dejado una larga estela de huérfanos, viudas, odio e inocentes asesinados por el Ejército y la Marina. Dirán los puristas que los daños colaterales son mínimos, pero no lo son si consideramos que probablemente esos delincuentes, por muy delincuentes que sean, tenían familias y pertenecían a ciertos estratos económicos de la población. Hasta el momento, no hay un cuestionamiento de fondo al por qué ciertos segmentos de la sociedad consumen drogas.

En el punto cuatro, se afirma lo siguiente: “La responsabilidad del combate a la delincuencia organizada recae en los órganos de los tres niveles de gobierno del Estado mexicano. Puede y debe debatirse si la forma en que el gobierno ha decidido combatir al crimen organizado es la adecuada. Pero ese debate tiene que partir del reconocimiento de la obligación constitucional que tiene el gobierno de cumplir y hacer cumplir la ley”. Es decir, el documento admite que se puede estar de acuerdo o no con la forma en que se está combatiendo a la delincuencia, pero que es una obligación constitucional y ahí no hay vuelta de hoja. Entonces, ¿dónde quedó el debate?, ¿quién decide dónde comienza el debate y dónde acaba?, ¿un grupo de medios que se erigieron como Policías de la Verdad y que no dan pie a cuestionar el germen mismo del acuerdo? Tramposo argumento que lo único que deja claro es que el combate al narcotráfico no puede realizarse de otra forma y los que no pensamos así seguramente estamos con los delincuentes que no quieren que México avance. Por favor, no sean cínicos, señores vástagos del monopolio de la información.

Me gustaría seguir derribando punto por punto los tabúes de dicho acuerdo, pero esto es un blog, no una novela así que lo haré en otra ocasión. Por lo pronto, sólo quiero hacer hincapié en que el punto 8 y 9 de dicho acuerdo son excluyentes, ya que al ser un acuerdo entre medios (los más poderosos) deja fuera al resto de los comunicadores que no se alinearon con sus criterios editoriales. Sin ir más lejos, el reciente asesinato del hijo del poeta y periodista crítico Javier Sicilia no generó una reacción en las líneas editoriales de los medios que signaron el acuerdo, ni siquiera por parte de esos columnistas que se erigen como paladines de la libertad de expresión (Ciro Gómez Leyva y compañía). ¿De qué se trata?, ¿de diferenciar al periodismo bueno del periodismo manipulado por fuerzas oscuras de la izquierda (Castro, Chávez o cualquier otro ente malévolo que se les ocurra)? Finalmente huelga decir que los auténticos medios críticos no signaron el acuerdo envenenado, que además perversamente enfatiza que quiere proteger a los menores, a las víctimas y no prejuzgar culpables. Si no busca prejuzgar culpables, ¿por qué se convierten en el Ministerio de la Verdad? ¿Por qué entonces está en contra del crimen organizado así en abstracto? ¿para poder ponerle la etiqueta de delincuente a los que el gobierno les diga, sin poner en entredicho su metodología, ni las razones por las cuales llegaron a esa conclusión? Que la PGR, el CISEN o la Policía Federal sean los que prejuzguen culpables y les pasen luego el boletín. Oigan qué comodinos, yo quiero una chamba como la suya.


29 marzo, 2011

Pelotón de fusilamiento

Puta mediocridad, pura chaqueta mental. Cada cosa en este entorno es falsa, imaginaria, insubstancial. Uno enloquece por rencor acumulado. Otro se siente mejor que todos los demás gracias a su medalla invisible. Aquél no está tranquilo sin las rencillas de la convivencia cotidiana. Ese de allá cree firmemente que una estructura inmaterial lo protege, vuelve importante y da una razón para levantarse cada mañana. Por acá tenemos a un cínico, que hace muchos años dejó de cuestionar y ahora se mueve a la deriva. De este lado podemos apreciar a un ciego de ojos sanos, incapaz de darse cuenta del agujero donde se ha atorado. Más allá parlotea otro con voz de flauta de Hamelin y conduce multitudes a su procesadora de carne. Y hay más: borregos rechonchos sin una pizca de inteligencia, envidiosos profesionales incapacitados para valerse por sí mismos, pedantes hijos de la riqueza material que se piensan hermosos e infalibles de nacimiento, demacrados hijos del hambre sin ninguna oportunidad para dejar de ser hijos del hambre, perezosos acomodaticios que obstruyen la vista a los demás, ambiciosos sin elegancia preocupados únicamente por el brillo de los metales, fantoches de lengua larga y conciencia inexistente, cándidos niños en espera de ser arrancados de su inocencia y pertenecer, ahora sí, a este mundo donde todo parece ir veloz pero nada cambia. Corremos de un lado a otro, mudamos de piel cada día, pero somos los mismos. Tenemos el diseño más reciente de la Fábrica en el bolsillo, o sobre él, o alrededor nuestro, o en nuestra casa, pero nuestros pedos siguen oliendo a mierda. Poseemos títulos enmarcados en la pared, presumimos Cargos antes de nuestros nombres, pero seguimos soñando pesadillas. Hablamos con mucha gente, somos importantes, irrepetibles, decisivos, irremplazables, superiores (sobre todo superiores), pero cuando la realidad se filtra nos ahoga el terror. 



Admiramos a los “grandes” para generar la ilusión de que hay grandes y pequeños. Criticamos la estupidez de los demás sin darnos cuenta que somos los demás. Es tan fácil ser numb. Es tan fácil ser numb y creer no serlo. Es tan sencillo que resulta estúpido no serlo. Amamos/odiamos los espejismos cotidianos, venidos de adentro, afuera o sepalachingada, con tal de no mirar las nubes y sentir el sol, con tal de olvidar que estamos muertos. Cantamos al amor pero tememos amar, incluso decimos: “sólo se ama una vez en la vida”. Alabamos la generosidad, pero nunca damos sin esperar a cambio. Elogiamos a quienes consiguieron salir del pantano y nos indican uno de los infinitos caminos para escapar, pero somos incapaces de seguirlos; es más, si fuera un contemporáneo lo lapidaríamos hasta el olvido. No queremos salir de aquí y añoramos el estar afuera. Preferimos la protección de las instituciones invisibles. Preferimos desperdiciar talento, sensibilidad, crítica o valor para poder “sentirnos algo”. No tiene sentido mi vida si me doy cuenta de lo ilusorio de nuestro mundo. Es como enfrentar el pelotón de fusilamiento sin los ojos vendados. ¿Capacidad? Mucha. ¿Alcance? Infinito. ¿Poderío? El necesario. ¿Resultados? Magros. La raza “avanza” a su pesar, empujada y jalada por individuos excepcionales cuyo último interés era hacer “progresar” al género humano. Los demás nos resistimos. ¿Nos resistiremos siempre? Ahhhh, el placer de quejarse y luego regresar al mismo tiradero. En fin, ya qué, nada va a cambiar de todos modos.

Domingo, nichiyoubi, sunday



Me siento mal. La bruma del domingo da paso al vacío del estómago, las náuseas clavadas en los ganglios de la garganta, el no tener nada para qué vivir este día. El domingo nublado afuera también está dentro de mí, vacío, náuseas… Cuando ni la música puede tocarte es que estás al borde de la muerte. Así ha sido este domingo, de luz muerta, de soledad clavada en el costado como la herida de una lanza, sin estar pero sabiendo que se está, dejando caer los segundos en la nada, sin hacer uso de ellos, un paso al lado del gran flujo vital, a la orilla del camino, sin participar, sólo el vaivén de las olas del Universo, nada más, dejándose llevar, sin esperanzas, sin razones para seguir respirando. Ella ya no es nada en mi mundo, ella se ha perdido para siempre, ella me ha perdido, nunca más será mía. Los tentáculos se han resecado, muñones cauterizados una y otra vez, colgando, inútiles, estorbosos. El frío de la muerte abrasa mi corazón, ¿alguna vez seré el mejor? ¿Para qué esforzarse, para qué seguir? Nada que pueda hacer cambia mi vida, mi futuro son ruinas, mi pasado se tambalea. Mal viaje. Es domingo, sí, domingo, está nublado, afuera las nubes oscurecen la luz del Sol, tengo hambre, eso creo, ese vacío dentro de mí es hambre, esa debilidad en mis miembros es el agotamiento del domingo, nada más, no pasa nada malo, es normal, es domingo, para todos el domingo es un día incómodo, aunque se visite a la familia o se lleve a los niños al zoológico, aunque se desayune temprano y mañana haya que trabajar. Sí, domingo, eso es todo; cuando ni siquiera la música puede tocarte es que estás cerca de la muerte, la muerte anda cerca, cerquita, esperando, lista para recoger la cosecha, sí, la muerte en domingo, domingo nublado y cálido, estático, insubstancial. ¿Por qué no puedo respirar? Me descubro no respirando, ¿qué sucede, domingo gris? Mañana hay clases, mañana hay que levantarse temprano, hoy no me puedo desvelar, para qué salir, mejor quedarse en casa, ver un par de películas, ¿y si me suicido? No tiene sentido,  sea malo o bueno lo que vaya a venir, es mejor que simplemente no estar. ¿Manicomio? Jamás caeré en uno, jamás visitaré uno. ¿Y las náuseas? Déjalas ser, let it be, let it be, se marcharán solas, cuando despiertes mañana no estarán ahí, los lunes no tienes tiempo para sentirte mal, los lunes son días de trabajo, de escuela, de sociedad, de maquinaria funcionando, de paquetes siendo entregados, reporteros asistiendo a conferencias, ajustes de cuentas, balances, juntas, ropa formal, motores calientes, relojes, citas, comida apresurada, miradas cansadas. Me siento mejor cuando pienso en el lunes, en lo mejor que es el lunes aunque se deba levantarse temprano, mejor que este domingo infecto, lleno de calor y nubes, de calles vacías y olor a parrillada; ¿cuándo terminará?

Mrs. Hyde


Siete cabezas ruedan por la colina. Siete torsos decapitados flotan en el lago. Catorce manitas tiernas están regadas por la vereda. Nadie sabe dónde está Blancanieves. Nadie, excepto la criatura peluda con restos de manzana entre los dientes.


28 marzo, 2011

Epitafio para un corazombi (PARTE 1)


I

Siento un derrumbe

inaudito de reminiscencias estacionarias.

Un tiempo taladrado por mefistos voyeristas.

Siento que lloro por las líneas de la mano;

que elucubran mi destino cuatro enfermeras

sentadas frente a una partitura apócrifa,

escrita por un dios primigenio que me odia tanto

como yo a él.

II

Tu presencia

desquicia las brújulas de mi aeronave.

Es un martillo invisible

en el embalaje de la lluvia.

Aquí no hay más que naguales de azotea,

seres idénticos ocultos en la joroba

de Ciudad Frankenstein.

III

Estratosféricos abismos tiñen de colores mi corazombi patizambo.

El reloj perorata sus murmuraciones de trasgo.

Estigmas crípticos cubren tus piernas de aguanieve

mientras la ciudad se coloca su corona de electrodos

ante una noche mal alimentada

y una luna que se estaciona en doble fila.

Una mano huesuda dirige una orquesta de automóviles siderales

y una langosta litúrgica encabeza las exequias del poeta que fui y ya no soy.

IV

Dípteras chimeneas

están humeando

en este paisaje intravenoso.

Entre tú y yo,

un arlequín acuclillado guarda

secretos momificados.

V

Liberen a los escaratrobos,

Plañideros beethovenes lo claman;

elefantezcos motzares escriben sus óperas.

Verbolitos escarban ya en sus patios para plantar jazmines espiroplásticos.

Acuciosos venenamentos parlosiniestros.

Libérenlos:

sus esposas ciberlúbricas los esperan en casa.

VI

Todo es cuestión de atar las horcas

En la estacionaria quilla

donde las monstruosas manos

de mi niño interior fueron cortadas.

Sólo tenemos que seguir el rastro

de manchas amarillentas

para llegar al fondo del corazombi

y escupir ahí

nuestros blancos gargajos

hinchados de desprecio.

VII

Estoy cataléptico

entre poetrapos,

en el hipocampo vectorial

de la hipotermia;

en la herética pléyade tumorosa;

en la mandrágora tropósfera que

ancla sus hechicerías

bajo los bancos de arena de mis párpados.


Tsunami

Algunas imágenes de esta página. Visiten http://cfsl.net/tsunami/




Y los teloneros de Röyksopp


Minuto 75



Tras luchar a brazo partido con personajes, tramas, fechas límite y productores, el guionista arriba, maltrecho, al nefando "segundo nudo" de la historia, el que precipita el desenlace, en el que todo parece ponerse en contra del protagonista. Y resulta que este sencillo punto en la estructura se rebela, encabrita y niega a ceder, cual puescoespín volador huyendo, burlón, de una red para cazar mariposas. San Syd Field, ayúdame.

Fotos del concierto de Röyksopp en Six Flags















Y porque nadie lo pidió, les compartiré las fotiux del concierto que tomé con la cámara chafa
de mi celular de tres pesos, nada más para que se den un quemón.






27 marzo, 2011

Röyksopp en Six Flags, la pura buena onda


Estaba en mi casa haciendo el mandado, todavía indeciso en si ir o no al concierto de Röyksopp, un dueto noruego medio fresón (para que vean que no todos los grupos de allá queman iglesias y le rezan al Señor de las Tinieblas), pero con buen punch, bailable y cuyos videos pasaron de noche en los años perennes del milenio dos (menos el de Poor Leno, el video del osito polar que todo mundo recuerda). En esta ocasión además vendrían con Anelli Drecker, la vocalista de Bel Canto (que aunque ya está señora todavía sigue siendo la mamá putativa de Dolores O'Riordan), otro de mis amores platónicos.

Después de comprar el último kilo de jitomates, seguí esperando la llamada de la chica de Twitter que me iba a vender los boletos (lo que nunca pasó). A eso de las 5 decidí lanzarme a la aventura a ver qué salía, tenía el plan maquiavélico de asaltar a un revendedor o a unos hijos de papi o ya de plano internarme en el cerro del Ajusco, cual guerrillero del Frente Sandinista para colarme sin pagar.

Por suerte todavía alcancé boleto hasta en la zona preferente, lo cual estuvo genial porque alcancé lugar en la valla sagrada que está antes del escenario (lugar codiciado por los adictos a los conciertos). Al principio me sentí un poco fuera de lugar entre tanta gente bonita y con varo, hasta pensé que me iban a correr por no tener iPhone, pero después de la primera media hora me mimeticé entre la generación touch.

Aprovecho este espacio para quejarme de la pinche desorganización: ouch. Y es que se supone que el concierto comenzaba a las 9 y a las 10 y cacho apenas empezaron a tocar los teloneros: Timothy Brownie, que sorprendieron a más de la mitad del público porque los confundieron con Röyksopp (cosa que me dio mucha risa. Moraleja: si vas a un concierto al menos tómate la molestia de googlear a la banda que vas a ver; digo, sentido común mis chavos). No tocaban mal, pero sonaban a esas bandas que tocan en programas nocturnos de revista musical cada vez que se van a comerciales.

Por ahí de las 11 y algo, Brundtland, Berge y demás banda salieron al escenario con una energía próxima a la emitida por Daft Punk (pero tampoco exageremos). Y la fauna nocturna que se reunió esa noche en el teatro chino del otrora Reino Aventura estalló como si hubieran estado esperando ese instante desde que sacaron su primer disco (pero la neta es que ya les había hecho efecto la cerveza de 60 pesos).

Yo y la chavita que estaba a lado de mí veníamos solos, cada quien en su planeta, pero totalmente energizados en el momento en que empezaron a tocar Remind me. La neta qué buena rola. El repertorio de Röyksopp es muy heterogéneo, como se pueden soltar con una baladita tipo Pimpinela, pero con sintetizadores, pueden saltar a una pieza más dance como The girl and the robot.

Poor Leno, What else is there? y Only this moment; según mi muy esquizofrénico punto de vista, fue lo mejor del concierto. Sólo ese momento y después la noche nos tragó a todos, y colorín, colorado, pinche microbusero nos bajó en la parada del Metrobús Perisur, que a esa hora ya estaba cerrada.

PD: Una disculpa para la chica que estaba atrás de mí, a quien le di un codazo por la euforia del momento.




Röyksopp - Only This Moment from Tucker Monticelli on Vimeo.

Redrum, ya no estamos en Kansas

—¿Por qué es tan difícil? ¿Por qué no existe un instructivo o algo así que nos muestre el camino?


Yukio sorbió de su mezcal y no respondió. Incómodo con su silencio de aire superior —Yukio siempre se las arreglaba para parecer superior—, me incorporé del sillón, rescaté el humeante cigarro del cenicero y fumé una bocanada que me supo a suciedad amarga, como chatarra de auto cocinándose bajo el sol.

El cabrón estaba tan bien vestido que me asfixiaba. Su cabello parecía cortado hace quince segundos, sus axilas antinaturalmente secas, su camisa cortada con katana italiana, su corbata que más que soga —que es lo que siempre es una corbata— parecía crecer de su cuello. Tardé un par de segundos, o de milésimas de segundo, en recuperarme, tiempo en el que pude perder la partida. Recobré el aplomo invocando a mi  autosuficiente odio a los trajes y demás símbolos de sumisión, transformé (metamorfoseé)  mi rostro de pueblerino que mira Manhattan por vez primera y adquirí mi máscara de artista-todo-lo-comprendo, sensible, magnánimo y sagaz, doblé ligeramente la pierna derecha para acentuar que no me daban pena mis jeans raídos y solté la frase:

—Eres gay. Punto.

Yukio rió, y con su risa se desbordaron los niágaras de mi desasosiego. No podía más. No pude más.